El Shih Tzu es una raza de perros sumamente antigua (los primeros datos encontrados sobre ellos datan del año siglo X a. C.) originaria de China. No hay una opinión generalizada sobre su origen, pero se suele dar como aceptable que descienden de los parecidos perros tibetanos Lhasa Apso.
Como los Lhasa Apso, los Shih-Tzu son una raza ligada en cierta manera con la religión budista. Los chinos los criaban y acicalaban para que parecieran en cierto modo leones.[1] Incluso el nombre de la raza, "Shih-Tzu", significa "Perro león", cosa que también se suele achacar al ladrido fuerte y profundo de estos animales, y a su tendencia a ladrar a los desconocidos y a gruñir ante la más mínima provocación. Eran muy apreciados en China como perros guardianes.
Hay que tener cuidado, también, con la alimentación: son perros de estómago delicado, normalmente no aceptan bien otra cosa que no sea alimento seco
A lo largo de su crecimiento tienden a volverse más cariñosos en especial con los niños, y físicamente no son de muy alta estatura y tienen pelo bastante largo el cual puede ser de diversos colores y es generalmente lacio aunque puede tener una pequeña ondulación. Tiene patas cortas. Son perros relativamente pequeños. Este perro tiende a ser tierno pero también es rudo con las personas que no conoce por lo tanto es un buen defensor.
A los Shih Tzu hay que cuidarlos con tiempo y paciencia. El cuidado del pelo es el que más tiempo requiere, ya que hay que cepillarlo y lavarlo frecuentemente. Pero con cuanta más frecuencia se le cepille y se le desenrede el pelo, menos tiempo habrá que dedicarle a cada sesión.
Es mejor cepillarle con un cepillo de cerdas de jabalí, ya que hay que hacerlo con el instrumental adecuado, y luego acabar la tarea con un peine de púas anchas. A los perros que salen a la calle con menos frecuencia hay que bañarlos una vez al mes y a los perros que salen normalmente una vez cada diez días, usando champú líquido suave tanto para unos como para los otros.
Además, antes de meterlo en la bañera hay que desenredarle el pelo para evitar que haya más nudos, y que los nudos que ya están se aprieten más con el agua. También hay que peinarle al salir de la bañera, y secárselo con esmero. Hay que cuidar de su peinado, pero recordando que es un perro, no un juguete